Los desiertos más raros del mundo

Cada vez resulta más cómodo y accesible viajar al desierto, pero en general sigue representando una aventura única, especialmente en algunos de ellos. Paisajes que parecen sacados de otro planeta, y juegos de colores, luces y sombras que regalan fotos increíbles. Estos son algunos de los desiertos más impresionantes del mundo, escenarios de fenómenos extraños y formaciones insólitas.

El infierno en la Tierra
Depresión de Dnaakil (Etiopía). Bienvenidos a uno de los lugares más extraños del planeta. La depresión de Danakil (o depresión de Afar), en Etiopía, es, en realidad, un lago de lava permanente y un inmenso campo de rocas sulfurosas de color amarillo y naranja. Está considerado uno de los rincones habitados más calientes del planeta, con temperaturas que van desde los 35ºC en las temporadas más fresquitas a los 60º C cuando hace calor. En este lugar las placas tectónicas se separan en el Cuerno de África y provocan que surjan el Mar Rojo y el golfo de Áden, produciendo ese aspecto de colores vibrantes. Es por supuesto una zona volcánica y radioactiva muy potente.

La impresionante cresta del Sáhara
Dunas de Erg Chebbi (Marruecos). Tan amenazadoras resultan las anaranjadas arenas amontonadas en este erg (zona desértica) del Sáhara, que hasta los marroquíes, experimentados en el terreno, las consideran un castigo divino: el azote del viento ha formado una franja de dunas de 150 metros de alto. Estas olas de arenas se suceden durante 50 kilómetros a lo largo de la frontera entre Marruecos y Argelia, un paisaje al estilo Star Wars que se promociona como la experiencia sahariana por excelencia, y con razón.

Montes esculpidos en arena
Sossusvlei (Namibia). El desierto del Namib es el más viejo del mundo. Aquí es donde se alzan las colosales dunas de Sossusviel, una verdadera preciosidad, en el parque nacional de Namib-Naukluft. Estas dunas parabólicas que se elevan hasta 380 metros sobre resecos llanos están culminadas por crestas afiladas como navajas. Al amanecer y al atardecer el cambio de luz es fascinante, al contraponerse los tonos anaranjados contra las negras sombras. No hay mejor lugar para contemplar el espectáculo que un asiento de arena en lo alto de una duna.

El desierto artístico
Wadi Rum (Jordania). Lawrence de Arabia llamó “vasto, silente y divino” a este paraje desértico, cuya salvaje belleza sigue cautivando. El Wadi Rum parece salido del lienzo de un pintor: sus escarpadas rocas bordean una meseta de arena teñida en una gama de rosas, naranjas y amarillos. Tras ocultarse el sol, cuando las sombras de las gigantescas formaciones rocosas se han desvanecido en la oscuridad, dormir bajo el cielo cuajado de estrellas en medio de las silenciosas arenas es algo sublime.

Un desierto lunar (en la Tierra)
Valle de la Luna (Chile). Bienvenidos al lugar más seco de la Tierra. En el desierto de Atacama, al norte de Chile, se puede intuir lo que eso significa desde lo alto de una enorme duna que se asoma al Valle de la Luna, un paraje que parece de otro planeta (o satélite). Decir que es un lugar yermo y reseco es poco para describir estos abrasados valles de arena y polvorientas formaciones rocosas. La zona apenas recibe 1 litro de agua por metro cuadrado al año; en algunos rincones, jamás ha caído una gota. Hay que visitarlo al atardecer para ver el distante anillo de volcanes, la ondulante Cordillera de la Sal y los surrealistas paisajes lunares del valle teñirse súbitamente de intensos tonos violetas, rosas y dorados.

El desierto de sal
Uyuni (Bolivia). Este extraño paisaje blanco al sudoeste de Bolivia es el desierto de sal más grande del mundo, a unos 3.650 metros de altura. Aunque un viaje de tres o cuatro días en todoterreno por esta descomunal salina deja los huesos castañeteando, bien podría ser la experiencia definitiva de la aventura boliviana. La inmensidad, austeridad y perfección cristalina del salar de Uyuni serán fuente de inspiración, y la exploración a primera hora de la mañana de los jardines de roca, los campos de géiseres y las fuentes termales, junto con el viaje en carretera, dejará un buen recuerdo del viaje, sobre todo en la temporada de lluvias, cuando el espejo de agua sobre el blanco de la sal nos deja imágenes de postal que parecen irreales.

Tierra de dunas y lagunas
Lençóis Maranhenses (Brasil). De todos los espectáculos naturales que ofrece Brasil, esta extensión de dunas de 70 kilómetros de largo y 25 de ancho, que recuerdan lençóis (sábanas) cubriendo el paisaje, resulta el más inesperado. De marzo a septiembre, en el parque dunar de los Lençóis Maranhenses se forman transparentes lagunas azules gracias a la acumulación del agua de lluvia. El resultado es un paisaje único que puede visitarse en todoterreno, en barco o a pie.

Fuente: El Viajero.

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