Economía

Cordobeses que salieron de la pobreza extrema a punta de marañón

Hace 10 años un grupo de agricultores de Córdoba, al ver la escasez laboral y la falta de oportunidades para generar ingresos, se decidieron por crear una asociación para sembrar los árboles de una fruta tropical a la que ahora le deben su sustento: el marañón.

“Es la única fruta que tiene la semilla por fuera”, dice con orgullo Jaider José Arrieta, uno de los fundadores y director de Asomarañón, desde su casa en el corregimiento de Flecha Sabana, en Chinú, Córdoba.

Recuerda que el primer empuje se los dio el Ministerio de Agricultura, con una alianza productiva que duró cuatro años, que les dejó los primeros árboles sembrados y las bases para surgir.

Sin embargo, eso no era suficiente porque sus condiciones todavía eran las más básicas y no crecían más allá de lo que tenían.

En agosto del año pasado fueron una de las cinco asociaciones de Córdoba seleccionadas para ser parte del programa de emprendimiento colectivo del Departamento para la Prosperidad Social.

“Eso ha sido una bendición grande, hemos crecido enormemente, porque nosotros éramos una organización que teníamos productos pero no teníamos instalaciones de cómo procesar, ahora tenemos instalaciones y nuevas máquinas”, cuenta Arrieta.

Hoy 63 familias que viven en los corregimientos cordobeses de Flecha Sabana, Carbonero, Pisa Bonito, Garbado, La Concepción, Las Iguanas, Doña María, Santa Fe, El Deseo, Chairo y El Chorrillo, viven del marañón.

Asomarañón fue la fusión de varias asociaciones, lo que les dio la posibilidad de acceder a $122 millones, con lo que quintuplicaron su producción. “Eso les cambia la vida”, comenta Margarita Palomo, directora (E) del DPS.

En 2016 comercializaron más de 1.200 kilogramos, lo que en 2017 llegó a 5.600 kilogramos con ganancias de $22 millones, que son $17 millones más de lo que ganaron el año anterior. Para el 2020 la asociación espera producir alrededor de 40.000 kilograms del fruto, pero para ello necesitarían el apoyo de todos los colombianos y por qué no, del mercado extranjero.

En la entrada de Flecha Sabana, en Córdoba, hay una valla que destaca a Asomarañón como un ejemplo para los pueblos cercanos.

Aunque tienen mucho de la fruta y pueden surgir muchos productos de la pulpa, Arrieta explica que eso no tiene mucho mercado y que lo que están comercializando es la nuez del marañón.

Cada asociado asume la responsabilidad de la productividad de su cultivo, la semilla es llevada a la planta de procesamiento donde se extrae la nuez, se empaca y se envía a la Compañía Nacional de Chocolates, que compra la mayor parte de la producción.

Por eso estos agricultores costeños quieren que se conozca que el marañón es un producto medicinal, del que pueden salir subproductos como mermeladas, majares, vino, expectorante o jarabes.

“Es una oportunidad de vida, porque tengo involucrada toda mi familia, a mi tío, a mi esposa y es un negocio a largo plazo porque el árbol tiene una vida de 50 años”, asegura Arrieta quien añade que a sus hijos de 7, 9 y 12 años los está involucrando desde pequeños “para que a futuro puedan aprovecharse de esta oportunidad”.

Por ahora, la pulpa del marañón que sobra queda como alimento para los animales de las fincas.

Tomado: Revista Dinero.

 

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