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Así viven la Navidad los niños del Hospital San Jerónimo

La Navidad es la época más bonita del año, incluso cuando se está enfermo. Y si hablamos de los niños, son ellos quienes más alegría ven en estas fechas: regalos, familia unida, regocijo, comida rica, los amigos del barrio, las luces, todo el jolgorio que puede significar que nace el Niño Dios y que hay un año que se va y otro que llega.

Pasar la Navidad en el hospital no es fácil, especialmente cuando son los más pequeños quienes están en cama, pero tampoco es una excusa para no vivir la alegría de la época. Aunque no lo crea, para muchas familias es el hospital un espacio y un tiempo propicio para rencontrarse en oración con otras familias que viven situaciones similares.

En esa ambientación decembrina, por tradición la pólvora era, y en algunos casos sigue siendo, algo que no podía faltar. Lastimosamente, en el afán por añadir diversión a la celebración, es ese pequeño detalle el detonante de tragedias que convierten la hermosa escena navideña en un lamentable lecho de heridas difíciles de borrar.

Recorrer los pasillos de Pediatría de la E.S.E Hospital San Jerónimo en Montería por estos días es encontrarse de frente con la realidad que viven muchos hogares de escasos recursos. Mientras los niños luchan con todas sus fuerzas por salir de la enfermedad que los tiene en cama, los padres se aferran a los más pequeños. El personal del hospital, por su parte, trabaja contrarreloj por atender la demanda de usuarios, siempre serán ellos: los niños, su prioridad.

El Hospital San Jerónimo cubre los departamentos de Córdoba, Sucre y Antioquia. Sus principales clientes son los afiliados al régimen contributivo, las Administradoras de Régimen Subsidiado, vinculados al sistema de salud y desplazados.

Tarcila Moreno González, jefe enfermera de Pediatría en el hospital, asegura que este año la navidad ha sido diferente y que por fortuna no han llegado niños quemados con pólvora, un buen indicio en relación con años anteriores. “Este año ha sido muy bonito, hemos contado con un talento humano grande: trabajadora social, psicóloga, personas que han estado muy pendientes de los procesos en la época decembrina. Además, hay personal externo que está pendiente de que esta Navidad sea una de las navidades más bonitas que tengamos”, asegura.

En Colombia, con corte a hoy, 26 de diciembre, el Instituto Nacional de Salud registra 366 casos acumulados de quemados con pólvora, de los cuales 179 son menores de edad, lo que se traduce en una reducción del 28,1% en relación con el mismo periodo del año anterior. Por su parte, la Secretaría de Salud de Córdoba reporta a 20 de diciembre 9 casos, siete de ellos menores de edad.

Con frecuencia llegan representantes de diferentes instituciones a llevar regalos y sonrisas a los niños que están hospitalizados. Simultáneamente, el personal que labora en la institución vela por hacer actividades con cada niño en relación a la mejora de su salud, anima a los padres y los educa en la prevención para que no reincidan en el descuido de sus hijos. “La idea es evitar, por ejemplo, que nuevamente se quemen o se caigan. O si es por parasitosis, les indicamos que en medio de la humildad pueden mantener a sus pequeños con higiene, dándoles a consumir los mejores alimentos que consigan y agua hervida”, explica Tarcila Moreno.

Este año no han llegado casos de niños quemados por pólvora, pero sí han llegado niños quemados por descuido de los padres: con agua caliente o con motos. Los motivos más frecuentes por los que llegan los niños al hospital son: pacientes con postquirúrgico de apendicectomía, fracturas, hematomas, dolores abdominales -algunas por intoxicación alimenticia- y parasitosis.

En la actualidad, en el área de Pediatría del Hospital San Jerónimo hay 24 niños hospitalizados. Estos tienen edades comprendidas entre: mayores de un año y menores de 15 años. El tiempo de hospitalización suele ser de hasta 8 días. En promedio hay 4 niños por habitación, 14 enfermeras auxiliares, 1 enfermera profesional y 1 médico.

  • Isaura Hernández Pretelt, gerente del Hospital San Jerónimo.
  • Luz Esther y Yoicis María junto a sus hijas Valeria y Yoanis respectivamente.
  • Yoicis María Izquierdo y su hija, Yoanis, hospitalizada por inflamación en la tiroides.
  • Luz Esther Doria y su hija Valeria Argel Doria, hospitalizada por convulsiones.
  • Luisa Fernanda Caraballo y su madre, Norelis Zamora.
  • Raúl Domicó y Elizabeth Domicó.
  • Diva Luz Pérez Angulo, psicóloga del Hospital San Jerónimo.
  • Pasillo del hospital decorado por personal del mismo.
  • Familia unida durante la novena.
  • Novena en el Hospital San Jerónimo.
  • Personal del Hospital San Jerónimo en la novena.
  • Familias durante la novena.
  • Niños hospitalizados junto a sus padres durante la novena.
  • Linda, una voluntaria que llevó regalos a los niños hospitalizados.
  • Pesebre ubicado en la capilla del hospital.
  • Tarcila Moreno González, enfermera jefe en Pediatría.

Cinco años de vida y una escopeta mal puesta

En la vereda San Pablo, en Tierralta, la madre de Elizabeth se alistó y fue a llevarle el desayuno a su esposo, quien es agricultor, al campo. Salió con rapidez, no le tomaría mucho ir y volver, por lo que dejó a sus tres hijos en casa: uno de tres años; Elizabeth, de cinco y su hermanito mayor, de 7.

El hombre de la casa, Raúl Domicó, había dejado -como de costumbre- su vieja escopeta alzada. Es con esa que de vez en cuando espanta los loros que acechan sus cultivos.

La pareja no contaba con que su hijo mayor, el de 7 años, alcanzaría el arma. El niño la dejó al alcance de Elizabeth, ella tomó en sus manos el inofensivo ‘juguete’ y cuando menos lo pensó algo explotó en su cara.

“Se puso a jugar, de tanto molestar reventó, menos mal no estaba metida la recarga en la escopeta”, explica el padre, quien indica que el arma se recarga con “pólvora, fulminante y microplomo”.

Los hermanitos se asustaron al verse ante tal situación.Una tía que vive cerca escuchó los gritos y salió a socorrerlos. Ahora, una semana después, Elizabeth, con su rostro bastante afectado, está en el área de cirugía del Hospital San Jerónimo, donde pasó la Navidad y pasará lo que resta del año. Su padre la acompaña.

“Piensan que no van a mejorar, que se van a morir”

Diva Luz Pérez Angulo es la psicóloga del Hospital San Jerónimo desde hace tres años. Asegura que su cargo es una experiencia muy satisfactoria en beneficio de la comunidad. “Trabajamos con toda clase de población, pero es una labor especial sobre todo porque se trabaja con niños. Además, la gerencia ha tratado de mejorar muchos aspectos, ha traído sonrisas a todo el hospital”.

A ese ‘reencendido de motores’ se suma el regreso de las damas rosadas, mujeres voluntarias que se encargan de ayudar y de acompañar a los niños desde todos los sentidos. El reto más grande desde el área de psicología, asegura Pérez Angulo, “es manejar los niveles de ansiedad en los niños y sus familias, puesto que viven muy ansiosos, piensan que no van a mejorar, que se van a morir”.

“Cuando la cabeza se mueve el cuerpo tiene vida”

Isaura Hernández Pretelt es la gerente del Hospital San Jerónimo desde el mes de noviembre. Su labor ha sido maratónica teniendo en cuenta que el hospital ha estado por mucho tiempo en el limbo administrativo -e incluso financiero- y que diciembre es una época en la que toca trabajar duramente con el personal interno y externo.

“Desde que estoy en la gerencia la idea ha sido incentivar a los empleados y a los niños que se encuentran hospitalizados para que vivan una navidad similar o mejor a la que viven en sus casas. Mi propósito desde un principio fue que olvidáramos un poco la enfermedad y nos divirtiéramos viviendo las novenas con gozo y regocijo”.

El Hospital San Jerónimo funciona desde 1 de febrero de  1946, cuando se instauró como una entidad de derecho público adscrito al Sistema Nacional de Salud. En Noviembre de 1991 se erigió como hospital departamental y 4 años más tarde se reestructuró como E.S.E Hospital San Jerónimo de Montería.

Este año, en todos los servicios del hospital se hizo la novena. Los empleados se motivaron y los niños que están hospitalizados disfrutaron de un compartir y un regalo diario. Se dieron regalos diarios debido a que todos los días los pacientes rotan -unos se van, otros llegan- y el objetivo era que todos tuvieran la oportunidad de llevarse un regalo a casa.

Isaura Hernández, explica que antes de llegar a la gerencia laboró por cuatro años en el hospital y que eso le ha permitido focalizar mejor las estrategias para que los niños tengan un diciembre feliz aunque estén hospitalizados.

“Cuando uno no está sentado en esta silla puede observar mejor el panorama. Cuando la cabeza tiene vida el cuerpo camina, por eso regalé el árbol de navidad  y la decoración de la parte administrativa. Los empleados trajeron adornos, nos unimos y en equipo decoramos a los pasillos principales. Nos veníamos en las noches y uno a uno fueron llegando más personas que se motivaron a donar dulces, helados, todo en conjunto”, Isaura Hernández.

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