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En las ‘ollas’ se intenta recuperar la inocencia perdida

– ENTREGA FINAL – 

Desde que amanece hasta que el sol se esconde y la luna se convierte en luz que guía a varios indigentes que deambulan por Playa Brígida, el panorama es el mismo: drogas, pobreza y desolación. Este lugar, que contrasta con la otra Montería que avanza a pasos agigantados y se ha proyectado a nivel nacional e internacional, sigue siendo un lunar que varias administraciones han intentado recuperar sin éxito.

En épocas electorales uno de los caballitos de batalla de los aspirantes a los diferentes cargos públicos es el de recuperar este tipo de zonas, sin embargo los esfuerzos por lograrlo no se concretan, puesto que inciden muchos factores, entre ellos, la voluntad de quienes están inmersos en ese mundo, donde la inocencia se pierde con el tiempo.

Ante la problemática de salud mental que se presenta en la ciudad de Montería y teniendo en cuenta la realidad que se vive en el sector Playa Brígida, la cual se planteó en dos entregas periodísticas a través de este medio, la Secretaría de Salud Municipal se manifestó y dio a conocer la ruta que desde ahí se sigue con el fin de ayudar a las personas que se asientan en esa y otras zonas de expendio y consumo de drogas.

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Como dependencia de la Alcaldía de Montería, la Secretaría de Salud del municipio genera un plan de desarrollo o plan de intervenciones colectivas. En este se miran los ejes temáticos de atención y dentro de ellos está contenido el componente de salud mental. Este último incluye los factores de riesgo que inciden en la convivencia social: suicidios, violencia de género, consumo de sustancias psicoactivas, habitantes de la calle y otros.

Del mismo modo se desarrollan acciones de IEC: Información, Educación y Comunicación. También se generan redes de apoyo en las comunidades para detectar estos factores. El tratamiento es general, no focalizado, pero se tienen en cuenta las comunas de la ciudad en condiciones más críticas.

Marihuana, cocaína, basuco y bóxer son algunas de las drogas que ponen a ‘volar’ a los indigentes de las ‘ollas’ y que los hacen perder el sentido de sus vidas. 

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La Secretaría de Salud de Montería es una institución de IVC: Inspección, Vigilancia, Control y Seguimiento, en ese sentido vela porque esos servicios de atención integral se brinden a todas las personas. A través de Sivigila, Sistema Nacional de Vigilancia de Salud Pública, se registra la información de los eventos que son notificados por las clínicas, IPS u hospital. Intentos de suicidio, violencia de género, violencia física, violencia psicológica, negligencia, acoso sexual, asalto sexual, otras formas de acto violento y el consumo de sustancias psicoactivas o intoxicaciones, todos esos son reportes que llegan a Secretaría de Salud, donde se hace seguimiento oportuno, visitas de campo y evidencia de si se necesita o no atención psiquiátrica o psicológica, de ser así se hace el direccionamiento por la EPS y seguimiento hasta llegar al cierre.

Así las cosas, surge un interrogante: muchas de estas personas no están afiliadas a EPS, ¿en ese caso cómo se hace?, Lina Pereira Paternina, referente de Salud Mental de la Secretaría de Salud de Montería, asegura que el año pasado se hizo un censo de los habitantes de la calle con la intención de caracterizar a la población para ver qué riesgos presentan y qué programas implementar. La profesional aclara que dicho trabajo implica una cooresponsabilidad del ente territorial y toda la parte de aseguramiento que tiene que reflejar las acciones de promoción y prevención dentro de los factores de riesgo de una sociedad. Es decir, es responsabilidad también de las EPS ejecutar acciones donde haya la demanda inducida de sus servicios. Si en Playa Brígida, o en otra zona con esas características, muchos de ellos no tienen aseguramiento, la Secretaría de Salud hace el proceso de afiliación para estas personas de manera más fácil. Si no tienen documento de identidad, les asigna un código para hacer su afiliación y que puedan recibir atención.

El problema más grande se centra en el hecho de que en Montería no hay la capacidad instalada dentro de la atención integral o unidades de salud mental, de las cuales solo hay cinco en la ciudad: Unidad de Vida, Fundación Amigos de la Salud, Visalud, Fundación la Mano de Dios, Clínica Laureles y El Arca. Estas son unidades de salud mental, IPS que se centran únicamente en procesos de consumo de sustancias psicoactivas, alteraciones mentales, intentos de suicidio y otros relacionados con la problemática psicosocial o mental. Allí se brindan servicios de rehabilitación, hospitalización, tratamiento y consulta externa”.

“No hay capacidad de respuesta. Hablamos de que semanalmente estamos viendo casos notificados de violencia de género, la mayoría de victimarios son consumidores de sustancias psicoactivas. En la semana una IPS notifica aproximadamente cuatro casos. Hospital y Vidasinú es donde más se reciben los casos. Como referente, hacemos seguimiento, verificamos la red de salud mental contratada por las EPS”, indica Lina Pereira Paternina.

Así las cosas, la ruta está identificada y para garantizar continuidad en los procesos, la Administración Municipal reactivó el comité de Salud Mental en Consumo de Sustancias Psicoactivas, en este participan Secretaría de Salud, Secretaría de Educación, alianzas de usuarios, IPS de Salud Mental, Secretaría de Cultura, Planeación Municipal y otras entidades. El objetivo es evaluar los índices y tomar acciones ante la problemática. En estos momentos se está haciendo la adopción de la Política de Salud Mental 1616 de 2013, esta plantea cómo debe ser la atención integral de niños, niñas, adolescentes y población en general en el campo de la salud mental.

Lo cierto es que mientras todas estas políticas y acciones surten sus frutos, las calles y sectores como Playa Brígida en la ciudad de Montería, viven su propio infierno, ese que ha tocado fondo, que se niega a desaparecer y que necesita de la acción conjunta de las autoridades y la clase política para lograr, algún día, que las ‘ollas’ sean solo utensilios de cocina donde se preparen alimentos que enriquezcan el alma de nuestra sociedad. 

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