31 días después, el crimen de Nataly Salas sigue impune: Edwin Salas

Aún recuerda la última vez que vio con vida a Nataly. Ese día, como de costumbre, ella se despertó temprano para irse a la universidad. «Se levantaba a las cuatro, pero esa mañana se le hizo un poco tarde y se paró a las cinco. Se alistó, le dí el besito y la bendición. Hoy mi hija tiene 31 días que le quitaron la vida y fue encontrada a un lado de la laguna de oxidación en Montería. Estoy aquí para pedir que lo que le pasó a ella no se vaya a olvidar, que no quede impune», expresó Edwin Nilson Salas Narváez.

Así mismo, Claribel Ruiz, madre de Nataly, a través de un mensaje enviado al investigador que sigue el caso, expresa el dolor que siente por la repentina muerte de la mayor de sus cuatro hijos.

El rostro de Edwin Nilson Salas Narváez refleja la tristeza y desolación por la partida temprana y cruel de su primogénita, quien tenía 19 años, era estudiante de Matemáticas en la Universidad de Córdoba, residía con su familia en el barrio Villa Paz, en Montería, y fue hallada sin vida el sábado 3 de diciembre de 2016. Este hecho aún produce indignación, puesto que a la joven no solo la asesinaron, sino que los signos de tortura muestran que fue golpeada fuertemente, arrastrada y  probablemente violada. Se presume incluso que su verdugo la dejó tendida allí desde la media noche.

«Han pasado 31 días y aún no encuentran a los que le hicieron esa crueldad. Pido apoyo porque así como  a mi familia le pasó esto, también le puede pasar a usted»: Edwin Salas.

«Quiero que se pongan la mano en el corazón y las personas que tengan alguna pista, que sepan algo, por favor denuncien, porque nadie está libre de las cosas malas», resalta mientras eleva una plegaria para pedir a Dios que se haga justicia tanto divina como humana.

«No quiere que esto quede en la impunidad, como muchos casos, que pasan los años y no sucede nada. Las autoridades dicen que van adelantados en la investigación, pero no vemos resultados, si así fuera, ya habrían capturado a alguien».

La familia y amigos cercanos esperan que las autoridades den con el paradero de quienes cegaron la vida de Nataly.

«Nos duele su muerte, pero más nos causa dolor que su asesinato quede impune».

El dolor por la pérdida de su hija es indescriptible, mientras narra los detalles de cómo transcurrían los días de Nataly, sus sueños y sus expectativas de vida, destaca que ella fue una buena estudiante, lo cual la llevó a que se ganara una beca para estudiar su carrera universitaria.

«Ella quería ser docente como su mamá. La ayudaba con las clases de matemáticas en el colegio donde mi esposa Claribel Ruiz trabaja. Se inscribió en Matemáticas pero en verdad ella quería ser licenciada en Español y Literatura. Le gustaba escribir y era una niña muy aplicada en los estudios», cuenta su padre.

Nataly acompañaba a su mamá y le ayudaba a dictar las clases de matemáticas.

Señala que tanto a su familia como círculo de amigos cercanos les extraña algunas versiones sobre un supuesto noviazgo con un soldado, puesto que ella solo salía de la casa a estudiar porque en sus tiempos libres se dedicaba a ayudarle a sus padres en la elaboración y venta de galletas de limón, tortas y postres caseros que tienen en su vivienda para ayudar a solventar la situación económica de su hogar.

La sonrisa de Nataly se apagó antes de tiempo. Su familia y amigos lloran su partida.

Sin claridad frente al caso

Desde el mismo momento en que se enteraron de su desaparición, empezaron a llamar a sus compañeros de clase.

«Buscamos en sus cuadernos los números de teléfono de sus amigos para ver si alguien sabía de ella porque se nos hizo raro que no llegara temprano a la casa. Ella se quedaba a almorzar en la universidad porque vivimos en el sur y el trayecto es bastante largo», dijo.

Contó que el lunes 28 de noviembre, un día antes de su desaparición, ella estaba feliz y conversando con una vecina en la terraza de la casa. Al día siguiente salió a las cinco de la mañana para la universidad y nunca más regresó.

Tocaron varias puertas buscando dar con su paradero, llamaron a todos los que conocían y fueron a la iglesia cristiana donde la familia asistía. El pastor fue a su vivienda y los acompañó a casa de una vecina para preguntar por la joven. Nadie sabía nada, era como si se la hubiera tragado la tierra.

A medida que pasaban las horas, la preocupación de la familia Salas Ruiz aumentaba. Se lograron comunicar con un compañero de la universidad y este solo atinó a decir que no la había visto ni el lunes ni el martes. No dejaron de buscarla ni un día, pero el sábado cuando los llamaron de la Fiscalía para mostrarles unas fotos de una joven que había sido brutalmente asesinada, la búsqueda llegó a su fin.

«No tenía puesta la misma ropa, pero apenas la vi, supe que era ella, mi hija, mi Nataly. Éramos una familia conformada por seis personas y ahora que ella no está nos levantamos tristes, es algo muy duro».

Finalizó diciendo que «hay que estar más alerta de las cosas, de los hijos, de todo lo que se relaciona con ellos, porque no estamos libres de que nos sucedan cosas malas, debemos aferrarnos más a Dios». 

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