Hablemos de educación, desigualdad y conectividad

Por: Luis Montalvo, estudiante de Comunicación Social – Periodismo. Creador de contenidos.

Colombia es un país inmensamente desigual, si lo ponemos en cifras, el informe del Índice de Desarrollo Regional para Latinoamérica (Idere Latam), arrojó que de 182 territorios analizados en América Latina (departamentos para el caso nacional), Colombia es el país con las mayores desigualdades territoriales de toda la región. El estudio a fondo del (Idere Latam) reveló que las áreas donde se presenta una mayor brecha de desigualdad son: educación, salud, bienestar socioeconómico y seguridad.

Según la ONU, estas desigualdades se incrementaron a raíz de la propagación del Covid 19 en todo el mundo y seguirán en aumento durante el trascurso de este año.

Sin duda, como lo menciona el informe, la educación fue uno de los pilares fundamentales de la sociedad que más se vio afectado durante esta experiencia global, en Latinoamérica y en especial en Colombia, la crisis se agudizo a raíz de la respuesta tardía del gobierno nacional y de los pocos esfuerzos que se adelantaron en gobiernos pasados para lograr una conectividad en redes de internet que llegara a las poblaciones más apartadas del país con velocidades óptimas para que los niños y niñas pudieran asistir a sus clases virtuales; es que nadie anticipaba esta pandemia, pero si nos comparamos con otros países de la región, da la sensación que Colombia se durmió en los laureles y no hizo una apuesta muy grande para lograr un país conectado al mundo a través del internet.

Las cifras reveladas por el Mintic muestran una caída de 1,1 millones de accesos a internet móvil en el país en el primer trimestre del año, lo que significa un decrecimiento de 3,6 por ciento, ya que se pasó de 30,9 millones de conexiones a 29,8 millones.

En un país donde casi un tercio de la población no cuenta con acceso a internet, es necesario plantear un debate respecto a la conectividad, su incidencia en la educación y su contribución al repunte de la desigualdad en nuestro territorio que nos lleva al primer lugar en los estudios sobre desigualdad en Latinoamérica.

La barrera de la desigualdad es más grande de lo que parece, los niños no solo se enfrentan a las bajas velocidades que ofrecen los operadores nacionales, sino que también sus padres tienen que encontrar la manera de que en hogares en los que habitan hasta 5 o 6 niños y que solo cuentan con uno o dos dispositivos, accedan al derecho fundamental de la educación, en esta época de manera virtual por el acontecimiento global causado por el Covid 19.

La crisis y la desigualdad se hace más evidente cuando miramos hacia las minorías y las poblaciones en condición de discapacidad, ya hemos escuchado en las noticias los casos de niños sordos o con algún tipo de discapacidad que no han podido ver sus clases por falta de traductores y como por ejemplo, un niño en la capital del país cuenta con 100 megas de internet y hasta 7 dispositivos en su hogar con acceso a la red y un niño en el Guaviare donde los pocos que han logrado sobreponerse y buscar la manera de acceder a la educación, lo hacen en condiciones casi que deplorables, teniendo que salir de sus hogares e ir a montañas para poder alcanzar un poco de internet, que al parecer esta tan alto en las nubes que no es de extrañarse que los niños lo vean casi como algo divino.

En Colombia la deserción escolar va en aumento y el internet, que a mi parecer es la herramienta más poderosa para la educación, no logra llegar a gran parte de la población y si lo hace es a bajas velocidades o las familias no tienen acceso a las tecnologías como celulares, tabletas o mucho menos computadores.

Mientras que los niños en otros países complementan sus clases virtuales con cursos de música por YouTube o de cocina, moda o incluso desarrollos tecnológicos, nuestros niños en Vaupés o La Guajira están rodeados de crudas realidades como la violencia o el abandono del estado a sus poblaciones.

El sistema educativo actual tiene que evolucionar, si un adulto de 90 años entra a un aula de clases ahora, sentirá que viaja al pasado, las sillas están igual, el profesor en el mismo sitio y hablando de casi los mismos temas que el maestro imparte y que los alumnos reciben sin cuestionar, anotando en las mismas libretas y memorizándolas hasta que la evaluación sea hecha y los “buenos estudiantes” sean los que más recuerden un montón de datos e información que luego sus cerebros clasificarán como irrelevante y posteriormente eliminaran.

Desde hace ya algún tiempo, incluso antes de la pandemia, se viene hablando en los países desarrollados de evolucionar y migrar, del ya casi que obsoleto y antigüista sistema educativo presencial que educa a los niños de la misma manera sin tener en cuenta sus habilidades y capacidades individuales; a algo más actual que aproveche la facilidad que brinda el internet de acceder a la información, pudiendo lograr la comunicación entre tutor y alumno sin que ninguno de ellos tenga que salir de sus hogares y enfocándose en un modelo que busca fortalecer las capacidades individuales de cada estudiante.

“Es mucho lo que está en juego: una educación de mala calidad no proporcionará a las economías y las sociedades las competencias adecuadas para lograr un futuro mejor; unas generaciones que no hayan recibido educación harán peligrar todos los logros del desarrollo”, afirmo en 2017 la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova en una conferencia con el tema “Forjar el futuro de la educación y las competencias”.

Bokova subrayó también la importancia del acceso a la información, en especial el apoyo y la promoción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, particularmente el Objetivo 4 relativo a la educación inclusiva de calidad y el aprendizaje a lo largo de toda vida escolar.

El tema en cuestión es que, en Colombia ni siquiera es razonable poner en la mesa el debate de la evolución educativa, porque si no se logra reducir la brecha de la desigualdad en cuanto a la conectividad y el acceso a la red muy poco avanzará el sistema educativo y no lograremos que nuestros niños, así como en Asia o Europa desarrollen proyectos de ciencia, ideas que transformen sus contextos sociales o planes de desarrollo medioambiental (que tanto nos hacen falta).

Para tener una Greta Thunberg Colombiana o un Mahmoud Wael Colombiano hace falta conectar a nuestros niños, abrirles el panorama y lanzarlos al mundo de la globalización, que puedan entender sus realidades para mejorarlas y que puedan ver como otros niños ya han forjado el camino para trasformar un mundo caótico que la mayoría de las veces les da la espalda.

NOTA: Las opiniones que expresan los columnistas en los artículos son libres y de su total responsabilidad. No representan el pensamiento editorial de La Prensa Web.